No encendimos esa "llama" nosotros, pero sí nos corresponde mantenerla. Y, cómo el espíritu puede estar pronto, pero "la carne es débil", tendremos que ayudarnos mutuamente a vencer la apatía y la indiferencia. Son vecinas nuestras. (P.M.)
Solo por "decir lo que pensamos", sin "hacernos uno" con el otro y escucharlo serena y constructivamente, no dialogamos, monologamos. ¿Y serán esos "monólogos" lo que espera nuestro mundo de los hijos de Dios? (P.M.)