domingo, 27 de mayo de 2018

Pasapalabra… ¿Qué palabra?


Manuel Morales, agustino

No nos referimos al popular concurso de televisión española, sino a una idea genial, con ese mismo título (en italiano, “passaparola”), y de muchos años antes.
Un poco de historia. La Palabra de vida. Chiara Lubich (1920-2008), junto a sus compañeras (el grupo, pronto se llamaría “focolar”), inicia en los años ’40 una gozosa aventura espiritual con un método sencillo. Descubriendo el poder revolucionario del Evangelio (al fondo, “eran tiempos de guerra y todo se derrumbaba”), toman de esa fuente cada semana una frase, la guardan en el corazón como un tesoro y la aplican a las circunstancias del día. Son “palabras de vida”, no solo objeto de lectura y meditación, sino fuerzas interiores que cambian la vida. Deciden luego acompañar esa palabra con un comentario breve que someten a la aprobación del obispo. “Se puede quedar uno analfabeto -piensan ellas- por desconocer las letras del abecedario y unas pocas reglas gramaticales. Pues igualmente, un cristiano será incapaz de expresar a Jesús en este mundo si no escucha las Palabras de Dios y las pone en práctica. ¡Hay que aprender a vivirlas una por una!”[1].
La práctica pasa, como una mancha de aceite, a toda la Familia Focolar. Se convierte así, para todos, en un compromiso y un empeño espiritual: encarnar, con ritmo variable (semanal, mensual) una frase completa del Evangelio. Vivir la Palabra será vivir la unidad de un modo concreto. Y ese es el Ideal de Chiara y del Movimiento naciente: la unidad. Vivir la Palabra juntos garantizaba la presencia de Jesús “donde dos o más están reunidos en su nombre”[2]. La historia del Movimiento confirmará cuánto la vida de la Palabra ilumina los acontecimientos y las decisiones.
A lo largo de su vida, Chiara comentó de mil maneras esas palabras, sobre todo con la “exégesis del corazón”. “El Evangelio es un abismo”, dirá; siempre es nuevo, permite siempre discernimientos y comprensiones nuevas. “Solo el Evangelio” deseó dejar Chiara a quienes le seguían.
El pasapalabra. - Un 9 de diciembre de 2001 Chiara sorprende con una idea original. Propone no solo la Palabra de vida del mes, sino algo más, un pensamiento para cada día. Con verdadera pasión quiere ayudar a todos a vivir con plenitud el momento presente. Es “la palabra cotidiana”, “el pasapalabra”. Concentrarse en ese pensamiento será “como vivir todos los puntos de la espiritualidad”[3], encender el motor y mantenerlo en marcha durante el día; será un nuevo modo de vivir, distinto cada día, que ilumine, estimule y guíe, para captar lo que Dios quiere de nosotros en cada momento, para establecernos en esa Voluntad suprema, perfeccionarnos y adecuarnos a ella.[4] “Si continuamos viviendo así toda la vida -afirmaba Chiara- habremos hecho todo lo que se requiere para un viaje verdaderamente santo”.

En 2003, el 25 de septiembre, en la conexión telefónica mundial, Chiara precisa mejor la actitud correcta del pasapalabra. “¿Qué os parece si, al pasapalabra le añadiéramos: “sobre todo en el contacto con los hermanos”?  Es la esencia de su Ideal, la espiritualidad colectiva; santificarse, si, pero juntos, “para que todos sean uno”.
Y ahora tomamos el testigo. - La práctica del pasapalabra ha continuado en el Movimiento. Pilar Marín, en un precioso estudio lingüístico que acaba de publicarse en italiano, afirma que esta idea de Chiara es “un antecedente de twitter (2006), de los SMS de Internet...” Y explica lo que en Lingüística se llama paremia: “un enunciado breve, sentencioso, que transmite un mensaje instructivo que incita a la reflexión intelectual y moral”[5]. ¡Brevedad y concisión! Eso hace eficiente el pasapalabra. Porque “en un mundo en el que la comunicación los media, las noticias, las nuevas tecnologías, son cada vez más veloces y breves, las personas disponen de poco tiempo, pero tienen una enorme necesidad de profundidad”. Y Chiara, sobre todo en la última parte de su vida, ha sido cada vez más esencial y concisa: en poquísimas palabras transmitía grandes realidades.
La transmisión del pasapalabra se hace, pues, al principio, oralmente o por escrito. Luego pasa por el circuito de la comunicación digital y se difunde por todos los medios al alcance: Internet, mail, twitter, Facebook… Los móviles SMS, WhatsApp...
Explica Pilar Marín los valores del invento desde el punto de vista psicológico. Nos sumerge en el presente, dice. Tiene propiedades curativas. “Viviendo en una sociedad que hace tan complicada y difícil la vida, pone nerviosos e inquietos, el pasapalabra puede hacer que hoy, este momento presente, perdure en la eternidad y nos devuelva valores tan necesarios como la paz y la serenidad”. ¡Genial! Los ecos de la práctica no tardaron en llegar y siguen llegando cada día: “Es como la vitamina del Espíritu”; “lo primero que quiero saber por la mañana”; “nos ayuda a mantenernos a la altura”.
Chiara Lubich, con esta idea, ayudaba a “recuperar lo cotidiano con todo lo que tiene de bello y de lucha, de sufrimiento y de rutina; nos devuelve la esperanza y la luz, no solo en una dimensión personal sino también comunitaria. Podemos vivir el pasapalabra con todos los que en el mundo lo reciben”.
Tras la muerte de Chiara, un grupo del Centro del Movimiento se encarga de confeccionar cada día el pasapalabra. Se inspira en la Palabra de Vida del mes, en los momentos fuertes de la Liturgia (Adviento, Cuaresma, Pascua...) y en eventos significativos de la Iglesia y del Movimiento.
El comentario añadido. -  Y aquí entra en escena el autor-servidor de este artículo. La Providencia me envolvió también a mí hace casi cincuenta años (¡bodas ya de oro!) en esta aventura espiritual de los Focolares. Y viendo yo que, traducido ese bendito pasapalabra en más de 18-20 lenguas, se acompañaba, según los lugares, de distintos breves comentarios, con cierto temor de Dios, me he lanzado yo también a glosarlo cada día. Solo cuatro o cinco líneas. Veo la frase y me retiro a la oración. Está claro que ese sucinto enunciado trae dentro una intención y una carga que recuerdan aquella “chispa inspiradora” a que se refirió Juan Pablo II: el amor, la radicalidad del amor. Por eso les va bien a todos, de cualquier edad, lugar y creencia. Todos llevamos en nuestra naturaleza ese “impulso interior” y anhelamos desarrollarlo. Al elaborar el comentario, me llega enseguida un poco de esa luz a la mente y al corazón. Lo que escribió San Agustín -que “en el hombre interior habita la verdad”[6]- es rigurosamente cierto. Por eso, “escuchar la palabra de Dios dentro de nosotras (escuchar la voz)” fue una práctica de Chiara y de sus compañeras[7].
Pienso, entonces, en quienes esperan esa luz cada mañana, temprano, en su WhatsApp. Parte el pasapalabra y su poder multiplicador es incalculable. De amigo a amigo, de grupo a grupo, de vecino a vecino… ¡Pasa la Palabra! Y conseguimos “hablar al oído” a cada persona, en medio de tantas otras voces.









[1] Chiara Lubich, La Palabra de Dios, Ciudad Nueva, Madrid 2011, p.22
[2] Mateo 18,20
[3] Conexión telefónica 22.5.2003. Las conexiones telefónicas son otra invención de Chiara. Cada cierto tiempo se establece una llamada colectiva del Centro de Roma a los miembros del Movimiento en el mundo entero.
[4] Conexión telefónica 28.8.2003
[5] Pilar Marín… La forma breve en Chiara Lubich. Un año del pasapalabra
[6] San Agustín, De la verdadera religión 39,72  
[7] Chiara Lubich, Escritos espirituales/3. Ciudad Nueva, Madrid 1998 p. 126-127

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